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La Noche 3.2...

lunes, 8 de junio de 2009

 


Ligia Donají Ramos Soto ( Veracruz )

Deslava el día la llovizna que afuera percute; hace hoyuelos en la tierra como aquellos dos que hacían que la delgada carne se hundiera simétricamente a cada lado de la boca silente. Boca silente que ratificaba la cara de mujer severa que iba, venía, volvía, se retiraba, trayendo en las manos permanentemente un cazo de leche. En cada una de las vueltas regresaba antes que ella el sonido del perol decantando su tibio contenido desde el fondo de la habitación, acompañado siempre del rumor de agua rebotando en la tierra. En medio de la tina improvisada, el pequeño monolito que era yo aspiraba a todo pulmón el olor a tierra mojada, escuchando la lluvia, esperando el siguiente viaje lechoso. No demoraba la luna en llegar, orificio ancho que como reflector en medio de tanta negrura la iluminaba al reclinarse sobre mí, enjuagándome incansable y sonriente, mientras mis dedos índices se acercaban extrañados a su rostro siempre adusto para guarecerse en sus hoyitos. Afuera la lluvia vigilaba que la noche no fuera más que luna llena y leche mientras ella me repetía “mi muñequita de sololoi”, peinándome con sus dedos largos los también largos cabellos. Generosas coincidencias hacían que mi padre llegara tarde muchos de esos días, él solía decir que los cuidados eran nocivos y me hacían mimada. En el zaguán una cinta atada a una campana nos alertaba y cuando la llegada de mi papá ocurría antes de finalizar mi baño, yo sabía que debía correr a mi cama y hacerme la dormida. Ella se deshacía de la leche y acomodaba los recipientes, ágil y silenciosa.
Afuera llueve y anochece y toca luna llena hoy. Aspiro fuerte el olor a yerbas y tierra mojada y exhala mi piel un suave aroma a leche.


Foto: Cintia Durán ( Jalisco )


Deisy Medel ( Veracruz )
Besos de Gato

Fabio lee en voz alta mientras escribe, mientras el viento murmulla y una lágrima que no moja le sacude el rostro. Apenas llueve, huele la humedad de la tierra, deja el libro y se asoma al balcón, la noche está desierta, un par de gatos se enamoran, gatos que se miran, que se desean, tallan sus cuerpos uno con el otro, se besan: besos de gato, de gato nocturno, de gato blanco y gata gris, gatos en celo que se aman en esta noche porque quizá mañana no se vuelvan a ver.

Parece estar quedándose dormido, entonces escucha otros ruidos ¡disparos, despierta!, voltea y al girar tira el viejo florero con una yoloxóchitl que se quiebra, pero no muere.

Amanece con esa tranquilidad que deja la lluvia, el mundo duerme, se respira el mar, el viento, el espíritu de los árboles, el color de sus hojas, el fulgor del cielo, la humedad del suelo, el vuelo del ave, el paso del tiempo. Todo está lleno de aroma y entre las plantas la observa, recostada, dormida, viva. Despierta, no piensa más:

-Te estoy soñando...


Foto: Félix Cúneo ( Veracruz )


Daniela Rea Gómez ( DF )

El fin de la guerra

Una montaña pequeña. Un camino que la surca.
A cada lado un pueblo. En medio una guerra.
Un hombre, una mujer. Dos amores abstraídos.
Una casa frente a otra. Ellos son la frontera.
Su silencio terminó la guerra.
Arcadia, se llama el lugar.


Foto: Martín Cuende ( Veracruz )

2 comentarios:

Câlîgâtum Speculâtôris dijo...

Que bien me sentaron estas letras, sigue así, escribes bien...

Saludos

tona dijo...

Me gusta don Osiris!!!